
El Legado de Doña Emma
El Colegio Emma, fundado por Doña Emma González Martínez, es fruto de una vida dedicada a la enseñanza abierta a todos, sin limitaciones culturales, religiosas ni económicas.
Su sensibilidad hacia quienes tenían menos recursos nació de su propia experiencia: durante su infancia, estuvo a punto de abandonar los estudios porque su familia no podía costearlos. La directora de su escuela le permitió continuar a cambio de impartir clases particulares a sus compañeros. Corría el año 1931, tenía solo 13 años y ya había descubierto su verdadera vocación: enseñar.
Primeros Pasos
Su buen hacer docente fue creciendo exponencialmente. Durante su época de estudios universitarios en Santiago de Compostela, daba clases a alumnos de cursos superiores al suyo para poder pagar su estancia y estudios. Las clases se desarrollaban en su propia casa, en Casas Reales no 20. En pocos años obtuvo el título de Licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad de Santiago de Compostela.
Las condiciones en que se desarrollaban sus clases eran difíciles y el número de alumnos cada vez mayor. Esto llevó a Doña Emma a proponer a las monjas benedictinas del convento de San Pelayo alquilar y modernizar parte de sus dependencias y así fundar un colegio donde enseñar a sus alumnos. La idea, bien acogida por las religiosas, consigue por fin dar techo a la vocación de Doña Emma. Para obtener el permiso para fundar el colegio necesitó obtener el título de Maestra y superar un sin fin de dificultades que muy probablemente no se hubiesen podido superar sin la ayuda del Cardenal Quiroga Palacios. Allí, en el año 1950, en unas dependencias del Convento Benedictino de San Pelayo es donde se inicia, reconocido como Colegio por el Ministerio de Educación Nacional, el actual Colegio.



El Edificio
La incansable labor de Doña Emma y el número de alumnas que deseaban estudiar en el Colegio llevó a la fundadora a adquirir varios solares y viviendas en la calle de la Tafona y en la Virgen de la Cerca, para poder dar cobijo a todas (muchas de ellas internas) y donde construir un nuevo edificio de su propiedad.
Tras 10 años en las instalaciones de las benedictinas, el Colegio San Pelayo cambia su ubicación geográfica para instalarse en el lugar que ocupa actualmente. 1960 es el año en que se inaugura sin pompa, sin aparato publicitario (del que siempre fue enemiga Doña Emma) el edificio que alberga a día de hoy al Colegio. En la compostelana Virgen de la Cerca, Doña Emma levanta un impresionante edificio de cinco plantas en el que mete su alma magistral: esta es mi vida, comentaba en una entrevista realizada en un periódico santiagués pocos años después de la inauguración.
En 1960, 150 alumnas recibían su formación en el femenino Colegio San Pelayo, donde además de las clases ofrecía internado. Hasta 300 alumnas coincidieron internas en el Colegio San Pelayo entre las cerca de 1000 matriculadas.
“Estoy dispuesta a acoger gratuitamente a todas aquellas chiquillas que tengan capacidad y vocación de estudio y no dispongan de medios económicos para cumplir tan hermoso deseo. No es justo que el dinero suponga la muerte de una ilusión.”
Un referente educativo
El prestigio educativo de Doña Emma y del Colegio San Pelayo traspasó las barreras de Santiago de Compostela y alumnas de toda Galicia, de España y de fuera de nuestro país, elegían el Colegio San Pelayo para su formación. Una formación que desde los orígenes del Colegio trató de ser una formación integral del alumno como persona. Desde los primeros años en el Convento de San Pelayo, las actividades complementarias de formación cultural fueron, y siguen siendo, una parte importante en la formación del alumno.
Con los años, el Colegio fue incorporando alumnado masculino y abandonando el internado, que no existe actualmente. En el año 2000 el Colegio celebró con gran éxito sus 50 años dedicados a la enseñanza. Miles de alumnos, desde los 3 años hasta alcanzar la Universidad, han pasado por las aulas y la pizarra de Doña Emma, que dirigió con firmeza el colegio hasta los 80 años de edad.



